BARVARIE, CON V CORTA” en Fandango TEATRO
BARVARIE, CON V CORTA”: CUANDO LA MUGRE, NO SOLO ENTRA POR LAS CLOACAS
En Barvarie con V corta, (Fandango Teatro, sábados 18 hs, -sábado 26 de septiembre última función!-) una familia se desintegra. Sufre la falta el trabajo, la falta el dinero y le sobran las dificultades, pero la sensación desde el inicio, es que ese no es el verdadero centro del conflicto. Lo que se va perdiendo es algo mucho más difícil de recuperar: la posibilidad de reconocerse y de entenderse con el otro. La trama recorre los vínculos que empiezan a resquebrajarse, mientras una tecnología (cada vez más presente) modifica la manera de conocer, de comunicarse y hasta de interpretar la realidad.
“El mundo cambió”, repiten, y quizá lo más inquietante sea que no parece haber nadie demasiado preparado para ese nuevo mundo. Las viejas reglas ya no alcanzan y las nuevas parecen construirse sobre la marcha, en un territorio donde muchas veces el que grita más fuerte termina imponiendo su verdad.
Es allí donde “Barvarie (…)” consigue, su lectura más interesante. Porque detrás de la familia que se desarma aparece una sociedad que también parece haber perdido ciertos códigos de convivencia. Y la obra no necesita explicarlo solemnemente: lo pone en escena, lo exagera, lo lleva al absurdo y consigue que nos riamos de aquello que, en el fondo, resulta bastante incómodo.
Incluso las cloacas terminan diciendo algo. Una supuesta pérdida en una cañería, hace que aquello que debería permanecer oculto se filtre hacia el interior de la casa. La suciedad encuentra una grieta y por fin entra. Resulta difícil no leerlo como una metáfora de una época en la que demasiadas cosas que antes permanecían debajo (la violencia, la intolerancia, el individualismo, la imposibilidad de escucharnos) aparecen ahora en la superficie y terminan contaminando la intimidad.
Y ahí está, quizás, el mérito de Barvarie (escrita por Matias Alarcón, quien también actua y la rompe!, hay que decirlo): no pretende ofrecernos una explicación tranquilizadora. Nos deja frente a una familia atravesada por problemas, pero llevados hasta un territorio donde la risa y el desconcierto conviven permanentemente.
Las actuaciones (merecen ser destacadas, acompañan a Alarcón: La colo Sierra, Agustín Belloli y Martín Armendariz) son uno de sus grandes sostenes. Hay personajes que adquieren una dimensión propia y que, por momentos, parecen pedir otra vida, otro capítulo, ¿quizás una serie con capítulos? (atención guionistas!). Los toques de humor funcionan especialmente bien porque no alivian del todo la tensión: muchas veces la hacen más visible.
Al final, la sensación inquietante es que la verdadera barbarie, no está solamente en aquello que sucede afuera, sino en lo que dejamos que ingrese lentamente en nuestras casas y en nuestros vínculos. La tecnología, la precariedad, los nuevos lenguajes, la falta de normas y hasta una cloaca desbordada, parecen parte de una misma escena. Y mientras nos reímos, algo de esa suciedad, también parece salpicarnos.
Comentarios