La profecía del albergue: cuando la incertidumbre también puede hacernos reír *por Adrian Maglieri

 


En una nueva producción de Phepandú, (de la mano de Nicolás Mannaseri y Fernanda Provenzano), La profecía del albergue, (Paseo la Plaza, Sala Picasso los jueves a las 20 hs) vuelve a transitar un territorio reconocible dentro de una forma de hacer teatro que poco a poco parece consolidar una identidad propia. Hay algunos puntos de contacto con producciones anteriores, como "El Funeral de los Objetos", especialmente en la construcción de situaciones atravesadas por el misterio, la tensión y aquello que puede cambiar de sentido de un momento a otro. Sin embargo, esta vez la propuesta parece correrse hacia un territorio menos denso para entregarse con mayor libertad al humor, al absurdo y al suspenso.

La obra construye su eficacia a partir de una seguidilla de giros inesperados. Cuando el espectador cree haber encontrado una explicación, algo vuelve a desacomodar las piezas. Esa incertidumbre se convierte en uno de los motores de una narración que no necesita apoyarse únicamente en la intriga: también encuentra en el humor una forma de respirar y de hacer cómplice al público.

Las expresiones de los rostros, las miradas y las tensiones que se acumulan van construyendo un clima particular. Los apagones de luz, no funcionan solamente como un recurso técnico, sino que interrumpen la certeza, generan expectativa y abren la puerta a lo inesperado. Después de cada oscuridad puede aparecer una nueva pregunta, pero también una situación disparatada que transforma la tensión en risa.

La música en vivo ocupa, además, un lugar fundamental. La impecable banda de músicos acompaña los cambios de clima y potencia las emociones de la escena, mientras las canciones —pegadizas y efectivas— terminan de darle a la propuesta un ritmo propio.

La profecía del albergue confirma que Nicolás Mannaseri y el universo de Phepandú, han encontrado una manera particular de relacionarse con el público: provocar incertidumbre, generar tensión sin abandonar el humor y construir misterio sin renunciar al disfrute. 
 
Una obra amable, dinámica y para todo público, que entiende que el suspenso también puede ser absurdo y que, a veces, la mejor manera de enfrentarse a lo desconocido es esperar el próximo apagón... y animarse a reír.

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