Hotel Monday: Proyecto Migra. La sorpresa como método, lenguaje, y como clave escénica.

 

Hotel Monday, del director francés Florent Bergal, de Proyecto Migra (y coproducción con El Galón de Guevara) parece pertenecer a un espacio donde el lenguaje se encarna y se repliega en el cuerpo de los actores, antes de que la palabra siquiera llegue a formularse. Desde el inicio, algo inquieta, cierta falta de conexión entre el espacio “siempre ordenado” de un hotel y la ruptura que provocan los sujetos que lo transitan, desarmando todos los protocolos.  

Los cuerpos de los extraños huéspedes (de los vivos y de los ¿muertos?) hablan con espasmos, torsiones, caídas calculadas que no terminan de serlo y muecas permanentes. El movimiento no acompaña lo que se dice, sino que justamente parece “ocupar” el lugar del discurso. En ese código físico, casi visceral, se va construyendo una gramática propia, inesperada, que exige del espectador una atención alerta, como si en cada gesto se escondiera una clave que puede perderse con un parpadeo.

El ritmo es entonces cambiante y algo traicionero. Cuando todo parece asentarse, irrumpe el quiebre. Cuando creemos haber entendido algo, la escena gira. Y en ese cambio (siempre inesperado) aparece el verdadero pulso de la obra: la sorpresa como método, lenguaje, y como clave escénica.

En el acceso de ese hotel improbable, casi onírico, emergen figuras que condensan lo absurdo y lo reconocible. Willy, el conserje, es más que un intermediario: es un administrador del caos que nunca termina de ordenar. Su presencia  se sostiene en una gestualidad que bordea entre una firme compostura y una actitud grotesca, como si cada acción, estuviera al borde del colapso.


De repente llega con sus valijas la "señora Anchorena" (una formidable Gabi Parigi) que con su sola aparición, reconfigura el espacio con enorme magnetismo. Parigi (quién continua con nueva temporada de la exitosa obra “Consagrada”) construye un personaje que se apoya en la historia de un apellido ilustre, aunque se infiltra con sus gestos, desarticulando todas las etiquetas.

Pero Hotel Monday (en el que también participan: Juan Carlos Fernández, Sofia Galliano,  Tomás Soko, Florencia Valeri, Tato Villanueva) no se agota en su despliegue formal de muecas y acrobacias. Debajo de las líneas que generan las risas desde el absurdo (quizás entre los pliegues de ese cuerpo escénico en constante mutación) late también una denuncia. Sutil por momentos, y un poco más directa en otros. La formación de una “fundación” que ayudaría, a quien sabe quienes, presentada casi como un gesto administrativo, se vuelve un dispositivo de lectura política: ¿qué se organiza?, ¿para quién?, ¿desde dónde? Lo institucional aparece como máscara, como ficción dentro de la ficción y para mostrarnos la farsa, que muchas veces nos golpea desde la misma realidad.

Proyecto Migra, construye así un espectáculo que permanentemente desarma categorías. No es solo comedia, aunque el humor irrumpe con precisión. No es solo acrobacia, aunque el riesgo corporal, está siempre presente. Es, en todo caso, un cruce de todo eso, un territorio híbrido donde todo convive y se tensiona.

En esa inestabilidad constante, la obra encuentra su verdadera potencia, porque Hotel Monday no busca que el espectador entienda: busca que se desplace, que pierda cierto equilibrio y que, por un momento, habite también ese cuerpo que tiembla, y cambia de ritmo sin previo aviso.

Hotel Monday se presenta en Galpónde Guevara (Guevara 326, barrio de Chacarita en CABA), los viernes (20 hs) y los sábados (16.30 hs) con entradas por Alternativa Teatral.

Informe de Adrián Maglieri @antimedio1 para identidadPlay @IdentidadPlay


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